
En este tiempo santo de Cuaresma, nuestras comunidades en Perú viven con renovado ardor la hermosa misión de visitar a los enfermos y llevarlos a Jesús Eucarístico, haciéndoles sentir la cercanía, el consuelo y la ternura de Dios en medio de su fragilidad.
Esta obra de misericordia, tan propia del corazón de Cristo, nos impulsa a salir al encuentro de quienes se encuentran solos, abandonados, marginados o vulnerables. Allí donde el dolor toca la puerta, nuestras hermanas llegan como presencia viva de esperanza, oración y compañía, convirtiendo cada visita en un momento de gracia.


Respondemos así al deseo profundo de nuestra Madre Fundadora, Amadora Gómez Alonso, quien, inspirada por el Corazón de Jesús, quiso que atendiéramos con amor preferencial a los más necesitados y evangelizáramos en aquellos lugares donde muchas veces no pueden llegar los sacerdotes.
Hoy, este carisma sigue latiendo con fuerza en nuestra Congregación. Cada enfermo visitado, cada hogar tocado por la Eucaristía, es signo de que el amor del Sagrado Corazón continúa obrando y transformando vidas.
Que esta Cuaresma sea para todos un tiempo de conversión, entrega y servicio generoso, siguiendo el ejemplo de Cristo, que se hace Pan de Vida para acompañar y sostener a su pueblo.